Los idiomas son tan ricos y variados que el trabajo de los
traductores se ve puesto a prueba muy a menudo. Uno de los mayores retos a los
que se enfrentan es el de trabajar con diferentes variedades lingüísticas, es
decir, las distintas formas que adquiere un mismo idioma dependiendo del lugar
de procedencia o del grupo social del hablante.
Para comprenderlas
correctamente, el traductor debe tener un profundo conocimiento no solo del
idioma, sino también de la cultura propia de sus hablantes.
